Cuando la realidad supera la ficción: la lucha del protagonista real de “100 metros”

2018-11-02T13:58:09+00:00febrero 1, 2017|Categorías: Noticias|Etiquetas: , |Sin comentarios

Ramón Arroyo se ha hecho famoso gracias a la película “100 metros”, protagonizada por Dani Rovira y Karra Elejalde. Pero su verdadero mérito, su grandeza, es la historia de superación que lleva protagonizando desde hace más de diez años en la vida real. Su lucha y la de su familia por llevar una vida plena, a pesar de padecer una terrible y cruel enfermedad, esclerosis múltiple.

Ramón Arroyo tiene 43 años y dos hijos, es economista, corredor de maratón y ironman y se define a sí mismo como un tipo normal, con una familia normal. Pero los que conocemos su historia sabemos que no es un tipo normal, y que su familia -especialmente su mujer, Inma- tampoco es lo que entendemos por normal. Porque todo lo que rodea a Ramón desde hace diez años es excepcional. Por una enfermedad que él no pidió, pero que le ha golpeado de pleno y, de paso, ha transformado su vida de arriba abajo para mejor.

rendirse no es una opciónHace más de diez años, esa enfermedad llegó dando pequeños avisos: un pitillo que se le cae de las manos, la pierna que no responde, media cara dormida, la boca caída y babeante, medio cuerpo paralizado… Miedo. Y con el miedo llegaron también las pruebas y los análisis, interminables, y los diagnósticos fallidos (¿cervicales? ¿infarto cerebral?) hasta que una punción lumbar puso a los médicos en la pista correcta: Esclerosis Múltiple. Una enfermedad crónica y degenerativa doblemente cruel, pues a la progresión inevitable se añade la incertidumbre, el no saber cómo te va a afectar ni cuándo ni cuánto (Ramón la llama la enfermedad de las mil caras, pues a cada persona le afecta de una forma diferente).

En el caso de Ramón, los brotes eran continuos, severos, y le llevaron directo a la depresión durante cuatro años. Los médicos no se rindieron, Inma tampoco. Finalmente que dieron con el tratamiento para controlar en lo posible la enfermedad (curarla es imposible). Cuando nació su primer hijo, Ramón empezó a plantearse la vida y la enfermedad de una manera diferente y pensó que no podía vivir amargado, porque su hijo no lo merecía.

Empezó a cuidarse y a ponerse en forma y se planteó un objetivo: recorrer los 200 metros que separaban su casa de la parada del metro… y que su médico le aseguraba que era un reto imposible para él. Le costó tiempo, sacrificio y una fuerza de voluntad que ignoraba que poseía, pero venció el reto. Eso le animó. Y cambió su visión de la vida y de sus limitaciones. Empezó a correr mayores distancias y luego carreras y después maratones. Y finalmente el ironman. Una prueba que consiste en nadar 3,8 kilómetros, recorrer otros 180 en bicicleta y terminar con un maratón completo.

Para héroes. Y también para héroes con EM.

héroes con esclerosis múltiplePor supuesto, el mérito de su logro es suyo, pero no en exclusiva. Porque para superar la EM el apoyo de la familia es siempre fundamental. La pareja es parte del equipo, del entrenamiento. Y él tuvo la mejor. La suya no es la historia de un deportista, es la lucha de un hombre y su familia por superar una cruel enfermedad. Y de un éxito excepcional. Pero no porque ahora Ramón sea capaz de correr el ironman, sino porque hace unos años decidió –y consiguió- recorrer 200 metros.

La lección que deja Ramón Arroyo para los afectados por la esclerosis múltiple o cualquier otra enfermedad es sencilla, pero no fácil: todos tenemos que hacer nuestro propio ironman, que puede ser andar recto, ir a por el pan o simplemente luchar por sonreír a quienes tienes alrededor. En el fondo, todos padecemos una enfermedad crónica degenerativa, que es vivir.

En una charla que Ramón ofreció hace unos días en el CÓMO, además de contarnos su historia de superación, nos dejó una serie de reflexiones que merece la pena tener siempre en cuenta:

– Yo no soy responsable de la enfermedad pero sí de cómo la supero.
– El objetivo nunca ha sido ganar maratones, sino ser felices y aprovechar cada momento.
– No permitas que nadie te diga lo que puedes o no puedes hacer. Lo importante es intentarlo.
– Acepta tus circunstancias y adáptate para ser tú mismo. Lo que hace la enfermedad distinta es cómo te enfrentas tú a ella.
­- El sentido del humor es nuestro mejor mecanismo de defensa siempre, también –o sobre todo- en las situaciones más tensas.
– Mis pilares fundamentales:
· Motivación: demostrarse a uno mismo que se es capaz.
· Esfuerzo: No hay secretos: horas, ganas, y más horas y más ganas.
· Equipo: familia, amigos, médicos; gente que aporte, no que reste.
· Bienestar: también mental, porque vives con un pie en la tierra y otro en el abismo.
· Empatía: ponerte en la piel del otro y entenderlo. Sentirlo.
· Recompensa: No es el reconocimiento, la película, el libro, el éxito… es haber podido ayudar a mucha gente.
– Y una imprescindible conclusión final: rendirse no es una opción. Hay algo que está por encima de toda noticia, de toda enfermedad, de todo miedo, y es el sentido auténtico de vivir. Seguir haciendo lo mejor que puedas con lo que tienes.

Y esto va por todos.

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